martes, 30 de diciembre de 2008

Espacio*

Cuestiones de conveniencia. No resultará sorprendente que tan sólo el enunciado de la palabra espacio introduzca el protocolo filosófico. Los filósofos, como maestros de ceremonias del universo abstracto, han indicado de qué manera debe comportarse el espacio en toda circunstancia.
Desgraciadamente el espacio ha seguido siendo un sinvergüenza y es difícil enumerar lo que engendra. Es discontinuo como un estafador, para gran desesperación de su papá filósofo.
Por otra parte, me avergonzaría no refrescar la memoria de las personas que se interesan, por profesión o por ociosidad, por inquietud o para reírse, en el comportamiento de ese incorregible que rompe el destierro: es decir, cómo bajo nuestros ojos púdicamente apartados el espacio rompe la continuidad de rigor. Sin que podamos decir por qué, no parece que un mono vestido de mujer sea más que una división del espacio. En realidad, la dignidad del espacio está tan bien establecida y asociada con la de las estrellas que resulta incongruente afirmar que el espacio puede convertirse en un pez que devora a otro. El espacio seguirá defraudando horriblemente cuando se diga que toma la forma de un infame rito de iniciación practicado por ciertos negros, desesperadamente absurdos, etc.
El espacio obraría mucho mejor, por supuesto, si cumpliera con su deber y fabricara la idea filosófica en los departamentos de los profesores.
Evidentemente, a nadie se le ocurriría la idea de encerrar a los profesores en la cárcel para enseñarles lo que es el espacio (por ejemplo, el día en que las paredes se derrumbaran frente a las rejas de sus calabozos).


* Sección de un artículo cuya segunda parte, titulada "Fundamentos de la dualidad del espacio", fue escrita por Arnaud Dandieu.

Diccionario Crítico. Georges Bataille.

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